Brasil: Talan la selva tropical para cavar cientos de tumbas


En Manaos, las muertes por coronavirus aumentaron de 30 a 200 en pocos días e hizo colapsar el sistema de salud y el cementerio.

Manaos, capital del estado de Amazonas, está conectada por una carretera precaria o en barca con el resto de Brasil, convirtiéndose en una región remota. Sin embargo, el encanto de su flora y fauna, la convierte en una de las más visitadas por cruceros y su zona de libre comercio atrae empresarios de todo el mundo.

El 25 de marzo se reportó la primera víctima y de ahí en más los decesos solo han crecido. Sin embargo, solo el 5 % de los mas de 4.300 entierros realizados en abril y mayo han sido confirmados como casos de COVID-19 por la falta de pruebas.

Este aumento desmesurado de fallecimientos obligó al cementerio público Nossa Senhora Aparecida a talar una zona de bosque tropical para abrir tumbas en la tierra anaranjada. Estas fosas comunes generaron el enojo de los familiares que se quejaron de que sus familiares fueran enterrados así sin evidencia de fallecer por COVID-19.

Los médicos y psicólogos de la zona adjudican estas reacciones a la falta de información, de educación, escasez de pruebas y mensajes contradictorios de los líderes políticos.

El médico Sandokan Costa, comentó que los pacientes omiten comentar los síntomas de COVID-19: “Lo que más me ha sorprendido es la creencia de la gente de que la pandemia no es real», comentó.

Mientras el presidente Bolsonaro es uno de los más escépticos respecto al verdadero impacto de la pandemia, el gobernador de Amazonas, Wilson Lima, aliado de Bolsonaro, también restó importancia a la amenaza en un primer momento. “Hay una gran histeria y pánico”, manifestó el 16 de marzo, tres días después de la confirmación del primer caso en Manaos en una mujer que había viajado a Europa.

Si bien declaró el estado de emergencia ese mismo día, las medidas fueron limitadas. Recién el 23 de marzo ordenó la suspensión de los servicios esenciales, pero sin restricción para la industria. Menos de un mes más tarde los hospitales estaban desbordados.

“Es una escena en vida de una película de terror. El estado ya no es de emergencia, sino de calamidad absoluta”, comentó en mayo el alcalde de la ciudad, Arthur Virgilio Neto, un duro opositor de Bolsonaro, a quien trató de “loco” en las redes sociales.

El promedio de muertes escaló de 20 a 100 en poco tiempo. El virus llegó a las comunidades indígenas.

“Las personas están muriendo en su casa, porque no tuvieron asistencia” agregó Neto. “Necesitamos ayuda. Hay que salvar las vidas de los protectores de los bosques, salvarlos del coronavirus. Estamos ante un desastre, una barbarie”, De hecho se ha visto llorar al alcalde en entrevistas.

En el cementerio público Parque Taruma también abrieron fosas comunes. Solo cinco familiares pueden dar un adiós a su ser querido. Se utilizaron cámaras frigoríficas de camiones para conservar los cadáveres.

“Estamos haciendo un trabajo duro para enterrar personas. Ya tuvimos sepultureros enfermos, que contrajeron coronavirus, algunos no saldrán con vida”, lamentó el alcalde.

Al parecer el pico de la pandemia comienza a quedar atrás en este estado. Amazonas registra más de 2.000 muertes y 40.000 casos, aunque se estima que los datos son erróneos. Por eso desde esta semana comenzó una reapertura escalonada de la actividad.

El ex secretario ejecutivo del Ministerio de Salud Joao Gabbardo, comentó que “hay ciudades como Manaos, Belém y Fortaleza donde ya se pasó el pico; algunas están en la meseta [de la curva] y otras en fase decreciente”, pero que en las regiones sur, limítrofes con Argentina, Paraguay y Uruguay, “aún no comenzó”.

Sin embargo, no descarta que ocurra algo similar a Italia “que tuvo un número muy grande de decesos en el norte y no en el sur. La distribución de la pandemia no es muy homogénea”.

 

 

Fuente: mdz

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