Caso polémico: Tiene 36 años y pide desesperadamente la eutanasia


Alfonso tiene esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y está atrapado dentro de su cuerpo inmóvil sólo puede comunicarse a través de una computadora que maneja con sus ojos. Insiste en la necesidad de que se abra el debate sobre la decisión de interrumpir una vida con sufrimiento como la que él lleva.

Los primeros síntomas de Alfonso fueron que se le empezaron a dormir las manos, luego se acalambraba constantemente, se tropezaba y se caía y sus hermanos decían que hasta le había cambiado el tono de voz. Tras realizarse los estudios médicos, tres meses más tarde, los síntomas se convirtieron en un diagnóstico: esclerosis lateral amiotrófica.

A sus 30, Alfonso Oliva vivía solo, trabajaba con su hermano y jugaba al fútbol con sus amigos. Pero hoy, cuatro años después de que le diagnosticaran ELA, vive en la casa de su mamá con cuidadores atentos a sus necesidades, porque su cuerpo cada vez más inmóvil le impide llevar la vida que supo tener.

Por eso es que hoy está pidiendo que, así cómo se debatió con tanta intensidad el aborto, se debata también en el Congreso una ley que permita la eutanasia. Es decir, la interrupción voluntaria y consentida de la vida de un enfermo que está sufriendo.

La enfermedad neurológica degenerativa que padece (que hizo famosa el físico británico Stephen Hawking, de la que se desconocen causas y aún no tiene cura) provoca principalmente mucha debilidad muscular. No ya sólo en las extremidades sino también, con el tiempo, en los músculos que permiten hablar, comer o respirar. Avanza lentamente dejando a personas completamente lúcidas presas de sus propios cuerpos y altamente dependientes de su entorno. Hoy Alfonso ya no puede comer sin broncoaspirarse y sus ojos y algunos músculos de su cara son lo único que puede mover.

En Argentina fue sancionada en mayo de 2012 la ley de “muerte digna”, que reconoce el derecho de toda persona a rechazar tratamiento médico cuando éste sólo puede prolongar la vida en un estado de enfermedad irreversible o incurable. Sin embargo, esta ley no contempla la eutanasia, ni el suicidio asistido para pacientes como Alfonso, que no puede suicidarse porque no puede moverse y que tiene que esperar, paralizado, a que su cuerpo ya no logre llevar a cabo ninguna función vital. Debe que esperar una agonía cruel.

“Cuando era adolescente le tenía mucho miedo a la muerte. Sobre todo porque no creo en nada, entonces la sensación que todo se ponga oscuro me generaba dolor”, reflexiona él. “Con el tiempo entendí que era más valioso disfrutar el día a día y no pensar en eso, pero cuando más consciente estaba de lo hermosa que es la vida me toca esto. Estoy convencido que la vida es para disfrutar y hacer lo que nos hace feliz, no le veo mucho sentido a estirar la agonía”.

Alfonso dice que el alcance que tuvo el debate sobre la legalización del aborto lo llevó a impulsar este debate, primero en su círculo y después hacia afuera. “Me parece que es un buen momento para discutir quién decide sobre nuestros cuerpos. Ninguna institución, del Estado o religiosa, puede decidir sobre nuestro derecho”.

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