Diez millones de Chinos comienzan el examen más decisivo y agotador del mundo


Las universidades de Pekín y Tsinghua solo admiten a un 0,03% de los estudiantes. Los jóvenes chinos estudian más de 12 horas diarias durante años para realizarlo.

Este 7 y 8 de julio 10,7 millones de estudiantes de secundaria tomarán el gaokao, el examen con el que el sistema educativo chino decide quién logra un cupo para ir a la universidad. Los adolescentes chinos se preparan durante años para la prueba, estudiando en promedio al menos 12 horas al día y con una fuerte presión sobre ellos.

10,7 millones de estudiantes se examinan este año, según datos del Ministerio de Educación, 400.000 más que el anterior. La puntuación obtenida en esta prueba que culmina 12 años de formación representa lo más parecido a un ascensor social, en particular para aquellos procedentes de entornos rurales o desfavorecidos. La competitividad, y con ella la exigencia, es abrumadora. Los dos centros más prestigiosos del país, la Universidad de Pekín y la Universidad Tsinghua, por ejemplo, solo admiten a los 3.000 mejores candidatos. O lo que es lo mismo: las posibilidades de lograrlo son del 0,03%.

De ahí que la imagen a la que recurre el habla popular para referirse al gaokao sea la de “miles de personas cruzando un puente muy estrecho”. No todos alcanzarán la otra orilla. Un 90% de los participantes encontrarán plaza en alguna de las 3.000 universidades del territorio nacional, con su destino y especialidad marcados por su calificación. No hay recuperaciones, por lo que el 10% restante deberá registrarse de nuevo en un instituto para volver a probar suerte al año siguiente.

La cita de este año, no obstante, será diferente a las anteriores. Su desarrollo ordinario se verá alterado por la lucha contra el virus, empezando por la fecha. A finales de marzo las autoridades educativas chinas anunciaron que el gaokao se retrasaría un mes para asegurar la “seguridad e imparcialidad” de la prueba. Se trata de la primera vez que esta se pospone desde que se retomara en 1977, tras permanecer en suspenso durante una década a causa de la Revolución Cultural.

A los estudiantes se suma casi un millón de examinadores, repartidos por 7.000 centros y 400.000 aulas de todo el país, en lo que el Ministerio de Educación ha calificado como el mayor evento público en China desde que comenzó la pandemia. Las normas sanitarias han exigido un registro diario de la temperatura de los alumnos durante las últimas dos semanas. Todos ellos, además, deberán emplear mascarillas a la hora de acceder al recinto. Una vez dentro, su uso será obligatorio en aquellas áreas catalogadas como de riesgo alto o medio, mientras que será opcional en las de riesgo bajo. En la capital, las autoridades han requerido que los examinados cumplan con dos semanas de auto-cuarentena a causa del reciente rebrote. Asimismo, los centros contarán con cámaras de aislamiento en caso de que alguno de ellos manifieste síntomas durante el transcurso de la prueba.

La lucha contra la covid-19 también ha provocado que los estudiantes no hayan podido completar con normalidad la recta final de su preparación.

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