‘El padrino’ contra ‘Blade runner’


 

 

Como ya les contáramos en este espacio, el diario El País de España lanzó la encuesta para elegir a la mejor película de la historia del cine. Hay dos argumentos que llegaron a la final y en horas se sabrá cual es la elegida.

Comienza la final de #votatupeli Y será entre El padrino, que se llevó el 66,2% de los votos de su semifinal contra El gran dictador, y Blade runner, que ha obtenido el 55,23% de los votos en su enfrentamiento con Casablanca. Aquí os dejamos, antes de que mañana arranque el combate final, los dos tráilers de las películas y los textos que las han defendido en semifinales.

Es El padrino una película sobre la mafia? Sí, obvio, tanto como un tratado de gastronomía, en el que se mezclan planes criminales con recetas de tomate y gnochis. ¿Puede verse El padrino como un compendio sobre el crimen? Por supuesto, pero tanto como sobre la historia de Estados Unidos, sobre el éxodo, el desarraigo, lo tribal, las profundas causas de la emigración y la construcción y destrucción de una sociedad anclada en un pacto paralelo y correlativo entre la violencia y la decencia.

Pero El padrino nos aporta mucho más que todo eso. ¿Y si la definimos como un gran fresco sobre la familia? Desde luego, lo es, profundamente, sobre ese núcleo absorbente, carcelario, seguro e inseguro donde todo se resuelve puertas adentro, del que huimos y al que regresamos a refugiarnos. Pero también refleja el amor, la traición, el respeto, la mentira, el cobijo, el rechazo…

¿Cómo catalogar a El padrino? ¿Cómo una película o como un experimento transversal de creación que la convierte también al tiempo en algo parecido a una ópera? Ambas cosas. Y por tanto un espectáculo total, donde junto a los bailes, las bodas, los bautizos y las comuniones se inmiscuyen la sed de venganza, el resentimiento, la incapacidad para el perdón y el remordimiento…

Pero ante todo, lo que uno puede apreciar obsesivamente, visión tras visión, en El padrino es un fresco inmisericorde sobre el destino y eso viene a ser parir un Shakespeare moderno alrededor del cual gira el alma colectiva de un país situado en unas coordenadas precisas de la tierra pero poblado por ingentes avalanchas de almas llegadas de todo el mundo en el que podemos encontrar, como le ocurre al joven Vito Andolini a su llegada a la isla de Ellis, el misterio de la vida con todas sus consecuencias.

No logro hallar una obra colectiva entre el arte contemporáneo estadounidense que refleje mejor un alma transferible a lo universal que la obra maestra convertida en trilogía de Coppola. Él, con sus tiranteces constantes entre los estudios y los productores, con la lucha del artista frente a la maquinaria del negocio, creó, sin saberlo, El quijoteamericano. Un caballero de la triste y altiva figura donde todo el mundo, cuatro décadas después, sigue mirándose. Es, ni más ni menos, que su gran clásico.

Ya falta menos, cosa de siete años. Transcurrirá 2019 en –visto lo que está cayendo ahí fuera- no se sabe qué contexto de caos generalizado cuando, de repente, asomen por entre las grietas de las flores de ruina los replicantes de la Tyrrell Corporation. Roy Batty, desde detrás de sus ojos azules y desde debajo de su casco de pelo blanco, una paloma en la mano y la rabia inyectada en sangre, nos mirará a todos como si fuéramos unos pobres Rick Deckard de andar por casa. Y nos repetirá el mantra que nos helará la sangre: “He visto cosas que vosotros no creeríais; atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-c brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Lloraremos de miedo. Temblaremos, un poco por la emoción ilimitada que provoca esta réplica del replicante (alias Rutger Hauer), un poco por la que se nos viene encima, condenados sin remedio por haber creído a pie juntillas que éramos capaz de oprimir sin descanso, policías vocacionales, blade runners a sueldo, mercenarios decadentes.

De todo eso habló hace ya ¡30 años! Ridley Scott (solo tres años después de haber firmado otra obra maestra llamada Alien) basándose en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Blade runner saltó a las pantallas y ya no fuimos los mismos.Qué híbrido tan extraño de pena, pavor, amor, crueldad, idealismo, violencia, filosofía, vida y muerte. No fue un éxito ni de público ni de crítica en su estreno de 1982. Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Daryl Hannah y Edward James Olmos pululan por un fresco renacentista de naves voladoras, robots humanos y pobres diablos de carne y hueso robotizados. Una ópera futurista, poblada de punkis de otra galaxia: el hombre fabricando al hombre, como hizo un tal Dios, a su imagen y semejanza. Y así nos va.

Merece estar, claro que sí, en esta troupe final de las cuatro mejores películas de la Historia. Perderá. Pero al fin y al cabo, ¿qué es Blade runner sino un planeta de perdedores?.

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