Historia de horror: 800 niños masacrados por los nazis en Tarnow


En junio de 1942, en una pequeña ciudad de Polonia, los hijos de unos 6.000 judíos y unos 2.000 polacos católicos aniquilados fueron llevados a un orfanato. Entre el hambre, los llantos y el hacinamiento también fueron eliminados.

Tarnow vivió la guerra desde el principio. A una semana de la invasión nazi a Polonia, el 8 de septiembre de 1939, las fuerzas alemanas entraron a la ciudad ubicada a unos setenta kilómetros de Cracovia. El sojuzgamiento fue inmediato. No hubo buenos modos. Sólo crueldad y brutalidad.

Los primeros en ser perseguidos fueron los judíos. Los desplazaron de sus hogares, les robaron las pertenencias. Al poco tiempo establecieron un gueto. Debieron abandonar sus hogares, recoger lo que podían llevar con ellos y hacinarse en el sitio que los nazis determinaron. Pronto empezaron los traslados hacia los diferentes campos de concentración. Sin embargo, la población del gueto aumentaba. Llegó a haber 40 mil judíos que eran traídos desde diferentes lugares del territorio polaco.

El 14 de junio de 1940, llegó a Auschwitz el primer tren con prisioneros polacos. Eran poco menos de ochocientos que habían sido enviados desde Tarnow.

Cerca de Tarnow, a unos escasos kilómetros, menos de siete, en un pequeño pueblito tranquilo estaba el bosque de Buczyna. El mayor orgullo del lugar, era una maravilla natural dónde parecería que sólo la belleza y la paz podrían entrar. Sin embargo fue el escenario más impensado de lo atroz.

Alrededor de 10 mil personas de Tarnow fueron masacradas: más de 6.000 judíos y unos 2.000 polacos católicos. En junio de 1942 se produjo el pico de alienación y barbarie. Fueron arriados a unos 10 kilómetros de su pueblo, al sereno bosque de Buczyna, en Zbylitowska Gora. Allí, entre los árboles inmensos con varios siglos de antigüedad, se produjo la masacre. Los fusilamientos se daban con sádica y pertinaz constancia.

A los soldados nazis se les presentó otro problema que no habían calculado pero que resolverían con similar crueldad. Los hijos pequeños de estos padres y madres aniquilados habían quedado depositados en una casa de pequeñas dimensiones, de apenas dos ambientes, en el que en uno de sus típicos eufemismos los nazis habían bautizado como orfanato.

Bajo el cuidado de nadie, separados de sus padres para siempre, los chicos –había bebés y los más grandes apenas tenían 8 años– hacinados, sin alimentos, sin bebidas, sin las menores condiciones de higiene, permanecieron varios días sin que nadie les prestara demasiada atención.

Los chicos, encerrados, caminaban entre sus propios excrementos, con hambre; los llantos y los gritos eran desgarradores. La situación se tornó insoportable. La decisión no tardó en tomarse. Esos niños serían masacrados.

Alrededor de 800 fueron transportados al bosque de Zbylitowska Gora y fusilados en medios de llantos, gritos y desesperación. No puede haber nada que se acerque más a una escena dantesca que eso. Luego fueron depositados en las fosas cavadas en medio del bosque.

En la actualidad, luego de atravesar unos estrechos y sinuosos caminos se ingresa al bosque. Las fosas se alojan en medio de los árboles altísimos.

Fuente: Infobae

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