La aldea donde embalsan a sus muertos y conviven con ellos


En esta zona los vivos le cambian la ropa del difunto y limpian la cueva.

El cadáver de Lai Lamba Matandung pasó cuatro años en su casa, donde era tratada como si no hubiera fallecido, antes de ser enterrada en una cueva según las tradiciones funerarias de la etnia toraja en Indonesia.

Cuando la anciana murió en 2012 y fue embalsamada, sus familiares continuaron hablando con ella y trayéndole alimentos a diario, mientras reunían el dinero suficiente para honrarla en un funeral que demostrase el estatus social de la familia.

La práctica es común entre esta minoría, que vive en la región Tona Toraja en el interior de la central isla de Sulawesi, donde las tradiciones animistas “Aluk To Dolo” (“el camino de los ancestros”, en el idioma toraja) permanecen a pesar de la llegada del cristianismo, el islam y el hinduismo.

Hasta la fecha de los funerales, Lai Lamba fue considerada una “to makula” (“persona enferma”) por sus familiares y vecinos en el pueblo de Barana, en el sur de la isla.

 

Familiares procedentes de otras partes del archipiélago indonesio, Malasia y Singapur acuden a los ritos funerarios, que se prolongan durante casi dos semanas e incluyen peleas de búfalos, procesiones funerarias y sacrificio de búfalos y cerdos.

Los funerales demuestran el estatus familiar no solo a nivel colectivo, si no también individual, ya que el número de búfalos que los hijos del difunto aportan determina también la cantidad de tierra que reciben en la herencia.

Cerca de la mitad de los toraja viven fuera de la región para buscar mejores opciones laborales, mientras que 600 mil miembros de la etnia permanecen en el centro de Sulawesi.

Aún así, ni la llegada de los misioneros holandeses a finales del siglo XIX, ni en la actualidad el turismo o las nuevas tecnologías han terminado con las tradiciones que se remontan al menos hasta el siglo IX d. C., según estimaciones arqueológicas.

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