La Asociación Cultural Sanmartiniana recordó los 170 años del fallecimiento del general San Martín


Sin actos previstos a causa de la pandemia por coronavirus, el licenciado Jorge Menéndez, presidente de la entidad, recordó al Padre de la Patria. Falleció el 17 de agosto de 1850, en Boulogne Sur Mer, Francia. Su legado “nos interpela profundamente en un momento en que se habla de la pérdida de soberanía de los Estados nacionales, de la globalización que erosiona las identidades colectivas, de las crisis de gobernabilidad, de la falta de calidad institucional”.

 

 

Hoy será un feriado distinto para la ciudad, en plena etapa de distanciamiento social preventivo y obligatorio por la pandemia de coronavirus. Sin la tradicional vigilia de los gauchos, ni acto en El Cerrito del Libertador, ni ofrendas florales, ni escuelas con sus banderas de ceremonia, ni discursos de las autoridades. Por ese motivo, la Asociación Cultural Sanmartiniana, envió un recordatorio de esta fecha trascendental en la historia del país.

La carta, firmada por el presidente Jorge Menéndez, expresa lo siguiente:

“Hace exactamente 170 años, fallecía en Boulogne Su Mer, el General San Martín, el 17 de agosto de 1850, en la soledad de su reducida familia, incomprendido por sus compatriotas, alerta hasta sus últimos suspiros por la suerte de estas tierras y con la esperanza de acabar sus días como simple agricultor en su querida chacra mendocina. El doctor Adolphe Gérard, médico de Boulogne, le alquiló a San Martín el segundo piso de su casa. Gérard describía al General de la siguiente manera: ‘Un anciano muy gentil, alto, que ni la edad, ni las preocupaciones, ni los dolores físicos habían podido doblegar. Sus rasgos eran expresivos y simpáticos, su mirada penetrante y alerta, sus modales amables y era muy instruido. Hablaba corrientemente el francés, el inglés, el italiano y, por supuesto, el castellano; había leído todo lo que podía leerse. Su conversación, fácilmente jovial, era una de las más atractivas que podía escucharse. Su bondad no tenía límites’.

Cuando San Martín decidió iniciar su exilio, partió hacia Europa en compañía de su hija Mercedes. Pasó por Londres y luego se instaló en Bruselas, pero fue Francia el destino elegido para pasar el resto de su vida. El lugar preferido de José Francisco fue Grand Bourg, para después establecerse finalmente en Boulogne Sur Mer donde encontraría la muerte. Allí, en esa casa, lo encontró la muerte en 1850. Y es a partir de este año, donde su inmenso legado comenzó a transitar el lento reconocimiento de la historia para elevarse hoy en día sobre nuestras complejas realidades y marcarnos un rumbo cargado de trascendencia y actualidad.

Creyó profundamente en la organización institucional de las nuevas naciones, pero basada en el respeto a la autoridad, la libertad, la libre determinación de los pueblos y la soberanía de los estados nacientes. El legado de San Martín nos interpela profundamente en un momento en que se habla de la pérdida de soberanía de los Estados nacionales, de la globalización que erosiona las identidades colectivas, de las crisis de gobernabilidad, de la falta de calidad institucional. De allí que el Padre de la Patria no es un capítulo del pasado, sino una exigencia del presente y un rumbo a seguir en el futuro, en ese ‘deber ser’, como lo expresó en su principal apotegma: ‘Serás lo que debes ser, sino eres nada’, es decir, una vida auténtica no falsificada, un conjunto de valores a los cuales subordinar cualquier cosa que se interponga, ya que cuando actuamos guiados por valores no lo hacemos por lo que dirán o nos darán los demás, actuamos por convicción. ‘Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral’, dijo José de San Martín”.

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