Las «palmadas» de los padres a los hijos están prohibidas en el nuevo Código


El nuevo Código Civil y Comercial prohíbe «el castigo corporal en cualquiera de sus formas». El 47% de los padres argentinos siguen utilizando alguna forma de sanción física.

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«Nunca le den un cachetazo en la cara a un chico porque la cara es sagrada, pero dos o tres palmadas en el traste no vienen mal». Ese fue el consejo que dio el Papa Fracisco a los padres hace menos de 3 meses. Ahora, desde  el 1 de agosto, cuando entró en vigencia el nuevo Código Civil y Comercial, ese consejo es ilegal, ya que se prohíbe los castigos físicos a los menores.

El artículo 647 del nuevo cuerpo legal dispone: «Se prohíbe el castigo corporal en cualquiera de sus formas, los malos tratos y cualquier hecho que lesione o menoscabe física o psíquicamente a los niños o adolescentes» ésta norma vino a poner fin al «poder de corrección» que el viejo Código Civil concedía a los padres sobre sus hijos.

El Código Civil derogado establecía en el artículo 278 que los padres «tienen la facultad de corregir o hacer corregir la conducta de sus hijos menores». La norma aclaraba que «el poder de corrección debe ejercerse moderadamente, debiendo quedar excluidos los malos tratos, castigos o actos que lesionen o menoscaben física o psíquicamente a los menores» y que «los jueces deberán resguardar a los menores de las correcciones excesivas de los padres.

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«La permisión de ‘corregir’ a los hijos a través del uso de la fuerza estaba a tono con la vieja idea de ‘patria potestad’, es decir, el padre dueño de la mujer y de los hijos, totalmente contraria a la noción de’responsabilidad parental’, por la cual los hijos son considerados sujetos de derecho y deben ser educados no a través de la violencia, sino a través de la palabra y el diálogo», explicó  la investigadora del CONICET Marisa Herrera, que integró el equipo que redactó el nuevo Código Civil y Comercial.

Además, Herrero advirtió que la redacción daba lugar a distintas interpretaciones porque no establecía un límite claro. «Entrar a indagar cuándo el uso de la fuerza integra el concepto de ‘corrección’ o cuándo se excede de este ámbito y adquiere entidad de ‘maltrato infantil’ es un terreno muy peligroso en el que no hay que entrar», analizó. Y concluyó: «Por aplicación de los derechos humanos, directamente debe derogarse cualquier permisión del uso de la fuerza (por más mínima que sea) en pos de una finalidad tan loable y alejada de la noción de violencia como lo es la educación de un niño», agregó.

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A partir del cambio, la legislación argentina se adaptó a los estándares consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño, incorporada a la Constitución Nacional en 1994. El país ya había sido interpelado por elComité de los Derechos del Niño por no adecuar sus leyes y estaba expuesto a posibles sanciones internacionales.

Sin embargo, la cultura y la ley no siempre van de la mano, y en el aire queda la duda sobre cuántos argentinos están de acuerdo y cumplirán con la prohibición. De hecho, el 46,4% de los padres reconoció que siguen utilizando alguna forma de castigo físico con sus hijos, según la Encuesta de Condiciones de Vida de Niñez y Adolescencia realizada por Unicef y la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia.

 

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