Los presos ganan un 46% más que los jubilados


El Servicio Penitenciario Federal está en problemas. El aumento del salario mínimo alcanza a 75% de los 10.441 presos que tienen alojados en sus veintiocho cárceles y cuatro complejos penitenciarios del país.

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Como se sabe, el salario mínimo se elevó 18,5%, a $5.588 desde el 1 de agosto y se incrementará 10,5% más en enero, a $6.060. Este primer tramo del aumento le representa al Servicio Penitenciario Federal un gasto adicional de $130 millones anuales que se los gira Economía. Lo injusto es que una parte de esos giros provienen de la Anses. Cabe recordar que la jubilación mínima es de $3.821,33. Un preso gana 46% más que un jubilado. El interno tiene, además, la ventaja de que ese salario lo disfruta íntegro porque la comida la aporta el SPF, igual que la luz, el gas y los servicios de salud y educación.

Con la proliferación de los salarios aumentó la corrupción en la cárcel. Los guardias, que tuvieron un aumento de 24% –inferior a 28,5% de suba del salario mínimo- cobran $14 mil mensuales. Con los descuentos y los gastos que tienen por trasladarse a su trabajo todos los días, están cerca de lo que ganan los presos.
No son pocos los que son sobornados para que no miren lo que entran los familiares. Entre varios presos organizan «vaquitas» y pagan al guardia para entrar marihuana, alcohol, cocaína o celulares, entre otros artículos deseados. El salario mínimo se convirtió en un formidable estímulo a la economía informal.
El preso lo cobra en una cuenta sueldo o lo percibe algún familiar en efectivo. Se da el caso de que otorgan poderes para cobrar varios sueldos a gente indocumentada.

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