Misteriosa desaparición de una madre que se evaporó sin dejar un solo rastro


La policía y el FBI investigan, pero nadie sabe qué pasó: no hay un solo rastro. Sólo encontraron su bicileta abandonada.

Suzanne Moorman de Morphew, de 49 años, desapareció el domingo 10 de mayo cuando en Estados Unidos se festejaba el Día de la Madre. Ese día sus hijas y esposo no estaban en casa. Investigan si hubo alguien con ella en el momento de su desaparición.

Mallory y Macy, las hijas de Suzanne, estaban lejos y disfrutando de la vida al aire libre en un campamento. Tampoco estaba en la casa donde vivían en Salida, Colorado, Estados Unidos, su marido desde hacía 26 años. Barry Morphew (52, dueño de un negocio de paisajismo y jardinería, además de ser bombero voluntario) había salido muy temprano hacia Broomfield, una ciudad a unos 240 km de su hogar. Tenía trabajo por hacer en una obra. Sin embargo, todos los investigadores abocados a su desaparición, suponen que ella no estuvo sóla.

Después de cinco meses, nadie espera que ella aparezca con vida. Presumen que hubo un crimen, pero para confirmarlo necesitan un cadáver, restos, algo que confirme la sospecha.

Exactamente a las 17.46 de la tarde, del domingo de las madres, el centro de comunicaciones de la policía de Chaffee County recibió el llamado de Jeanne Ritter (70), una vecina que les comunicó que Suzanne Morphew, estaba desaparecida.

Las autoridades se trasladaron a la zona. Llegaron a una lujosa casa valuada en un millón y medio de dólares donde se encontraron con Ritter. Verificaron que en la vivienda de los Morphew había dos autos (el de Suzanne y el de sus hijas), pero curiosamente faltaba la bicicleta que ella solía usar. Supusieron, entonces, que algo podría haberle pasado durante un paseo por la montaña. Algún accidente. Las tareas de rescate empezaron esa misma tarde. A poca distancia, encontraron su bicicleta abandonada sobre un puente. También habrían encontrado, tirado, su casco.

La búsqueda de Suzanne continuó con más de cien personas que intentaron, sin suerte, dar con algún rastro. La policía involucró en la tarea a trabajadores de los parques estatales más cercanos, tenían una ambulancia preparada por si la encontraban herida y hasta un helicóptero surcando los cielos. Pero Suzanne se había evaporado.

Su marido Barry volvió el mismo domingo de su trabajo en Broomfield para colaborar con la búsqueda. Suzanne y Barry se conocían desde hacía 32 años, llevaban 26 de casados y tenían dos hijas. En las conversaciones con las autoridades las teorías de Barry sobre lo que podía haber ocurrido eran varias y, algunas, insólitas: Suzanne podía haber tenido un accidente; podía haber sido atropellada; podía haber sido secuestrada; podía haber sido atacada por un gato montés…

La familia apostó a que alguien hablase y ofreció 200 mil dólares para quien brindara datos. Pero nadie tenía nada que contar. Simplemente, no la habían visto.

Los únicos que tuvieron algo que aportar fueron dos empleados de Barry quienes supuestamente debían realizar el trabajo que lo mantuvo lejos de su esposa el Día de las Madres. Sus declaraciones levantaron sospechas sobre su comportamiento las horas previas a la desaparición de Suzanne.

La familia de Suzanne no le cree a Barry. De hecho, la relación está resentida. Las hijas de Barry y Suzanne no ven a su abuelo materno Gene Moorman, de 87 años y con cáncer, desde lo que pasó a pesar de que él lo pide.

Entre los diversos datos que los Moorman señalan está el hecho de que Barry no haya querido someterse al polígrafo ni al análisis de voz para ver si decía la verdad.

Según Andrew Moorman, hermano mayor de Suzanne, la bicicleta nunca fue pedaleada para subir la montaña sino que fue tirada allí por alguien para sembrar una pista falsa.

Si bien los amigos de Barry y Suzanne aseguraron no saber si la pareja atravesaba algún conflicto, admitieron que Barry era muy controlador. Andrew Moorman fue un poco más lejos y dijo haberse enterado, luego de la desaparición, que en esa casa había violencia doméstica, que en el matrimonio de su hermana no todo eran rosas y que ella tenía una “persona amiga” con quien se mandaba mensajes. “Creo que había un amigo con quien se enviaba textos y hablaba frecuentemente, alguien en quien confiaba. Puede ser que las cosas no fueran nada maravillosas dentro del matrimonio”, declaró en una de las tantas entrevistas.

Cuando Barry empezó a sentirse bajo sospecha acusó a la policía. Dijo que ellos arruinaron la prueba de la bicicleta y aseguró que al menos diez personas la tocaron alterando la evidencia.

Sin embargo, el Sheriff a cargo del caso, John Spezze, asegura que su equipo de investigación no ha perdido el foco y que tiene a una docena de hombres trabajando agresivamente en esta investigación.

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