«Nos equivocamos»: después de 204 días sin clases, el Gobierno no sabe cómo seguir


«Hay cosas que son insostenibles». La frase, que pertenece a un hombre con despacho en la Casa Rosada, se refiere a la cantidad de días sin clases, en total 204 días.

El debate sobre un posible giro en la política educativa llegó por desgaste, el Gobierno quedó preso de un relato del que no supo salir a tiempo.

Cuando se van a cumplir siete meses sin clases, el Gobierno trabaja en la implementación de un nuevo índice epidemiológico, que se comenzó a discutir este martes en la reunión que el ministro Nicolás Trotta mantuvo con sus 24 pares provinciales y mañana lo debatirán junto a los responsables de Salud.

La trastienda tuvo también la forma de una autocrítica.

Si el plan original fue robustecer el sistema de salud para evitar una catástrofe sanitaria, nunca contempló el daño que podría generar en la educación la extensión indefinida de la suspensión de la presencialidad.

«Nos equivocamos», admitieron fuentes oficiales.

El ministro de Educación, Nicolás Trotta, se ató a un protocolo sanitario en el que no había margen para discutir la vuelta a los colegios en las grandes ciudades.

Solo lo permitía donde la circulación del virus fuera baja o nula, lo dejó afuera a la gran mayoría de las provincias. Eso lo expuso y lo debilitó. Desde ese lugar, se dedicó a administrar la escasez y decidió confrontar con la Ciudad, que siempre forzó la discusión sobre la apertura. Eso es lo que quedó en revisión en el encuentro que encabezó Trotta.

Ante la falta de resultados positivos, el que intervino directamente fue el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

El ministro coordinador presionó a Trotta para encontrar una salida al conflicto y, junto con el jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, avanzaron con una agenda conjunta para destrabar la disputa.

Como gesto de ese entendimiento, el Gobierno nacional podría a habilitar la revinculación de los 6500 alumnos que, según la Ciudad, desde que comenzó la cuarentena por el coronavirus no tuvieron contacto con sus maestros. En la Ciudad nunca entendieron por qué Trotta siempre se opuso a todo.

Si prosperan las modificaciones, Trotta deberá explicar por qué durante meses, con un nivel de contagios diarios de Covid-19 sensiblemente menor a los actuales, se oponía férreamente a la apertura de los establecimientos educativos.

«Con 3.000 o 4.000 casos por día es impensado el regreso a las aulas», dijo el 10 de agosto.

Hoy, sumaron 14.740. ¿Qué cambió? Nada. Solo la decisión política de avanzar.

Pese a esto, su futuro no está en riesgo, al menos por ahora, según aseguraron fuentes cercanas al jefe del Estado. Eso sí, entre algunos de los colaboradores cercanos a Alberto Fernández va ganando la idea de que una renovación parcial de gabinete, pospandemia, es inevitable.

Al final de esta semana, cuando posiblemente vuelva a encabezar el anuncio de la nueva fase de la cuarentena junto al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el Presidente podría presentar un cambio significativo: el regreso, aunque sea parcial, de los estudiantes que estén cursando el último año del ciclo, ya sea en primaria o secundaria.

La vuelta de los alumnos a las escuelas expuso nuevamente las diferencias internas en el Frente de Todos. En este caso fue por la intervención del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, quien reclamó públicamente la apertura de los colegios.

«Los chicos de sexto grado y sexto año de todo el país deberían volver ya a clases. Hay que permitirles cerrar bien a quienes terminan ciclo y pasan a una nueva etapa de su vida. Debiera de imponernos a todos hacer el esfuerzo», dijo Massa en horas antes de que se conociera públicamente la modificación que impulsaba la Casa Rosada en una reunión virtual con el Frente Renovador.

En la Casa Rosada, sin embargo, no hablan de diferencias de criterios, sino de oportunismo mediático.

«Massa lo primereó a Trotta», graficó un hombre de confianza del Presidente. No es la primera vez que lo hace.

Pese al malestar, no habrá una queja. No hay margen para más peleas, reconocieron cerca del Presidente. Es que en medio de la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con los frentes judiciales abiertos, todo está demasiado frágil.

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