Un niño recibe una golpiza por vender pañuelos descartables


Las imágenes son despiadadas y recorren el ancho mundo de Internet: un pequeño niño intenta protegerse debajo de una mesa en una acera mientras un grupo de hombres lo golpea, uno de ellos banqueta en mano; y el menor, lloroso y con la nariz sangrante muestra un pequeño paquete.

golpiza a un niño

 El niño es Ahmed Hamdo Abeyd, un refugiado sirio que estaba tratando de ganarse la vida vendiendo pañuelos de papel en los alrededores de la plaza Basmane, en la ciudad turca de Esmirna.

Según documentos y testigos, el niño fue rescatado de la golpiza por otros sirios y transeúntes y estaba tan traumatizado que no dejaba que nadie se le acercara. Ahmed no habla turco y sólo después que se percató de que la gente estaba tratando de ayudarlo, y de comunicarse con otros sirios, dejó que lo asistieran. Después desapareció, informó el diario Hurryet Daily News.

Cuando las imágenes comenzaron a circular en Turquía la policía logró encontrar al niño y a su madre para que pudieran iniciar acciones legales. El Departamento de Policía de Esmirna abrió un caso contra Adnan Peyi, empleado de una tienda, acusado de golpear a Ahmed. Peyi, sin embargo, dijo que era inocente y que habían sido otros comerciantes los que habían golpeado al menor y que el incidente fue malinterpretado.

El niño, sin embargo, tiene claro lo que sucedió. «Yo sólo estaba vendiendo pañuelos de papel. Cuando estaba a punto de venderle un paquete a una señora allí, me llevaron aparte y me golpearon. Me pisotearon. Unos sirios en el otro lado de la calle acudieron y vertieron agua sobre mí y sólo entonces recuperé la conciencia”, declaró Ahmed, según el diario turco.

La golpiza y su repercusión mediática llamaron la atención del primer ministro, Ahmet Davutoğlu, quien envió un mensaje al jefe provincial del gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Esmirna, Bülent Delican, para que localizara al niño y se satisfagan las necesidades de su familia.

Es así como sabemos que la madre de Ahmed se llama Gusun Abeyd, y que el padre era reparador de televisores en Siria. El matrimonio y sus cinco hijos, entre ellos Ahmed, vivía en Alepo antes de la guerra. Tras el inicio del conflicto llegaron a campamentos de refugiados en las ciudades fronterizas con Turquía y entraron a Esmirna hace cuatro meses.

La familia ha pasado tantas vicisitudes que se siente agradecida por la acogida en Turquía, a pesar de la golpiza sufrida por Ahmed.

“Estamos muy contentos con Turquía. Dios los bendiga. Yo no presentaré una queja a causa de este incidente. Yo creo que Dios castigará a los que golpearon a mi hijo», dijo la mujer.

Ya la familia ha comenzado a ver los frutos de la solidaridad turca. El líder local del AKP les regaló juguetes a los niños y la madre, que tiene una enfermedad cardiaca, recibirá atención médica.

Pero el problema es que este no es un incidente aislado. “Ya no son de interés periodístico. Se han convertido en eventos de rutina”, escribió en Hurriyet News la periodista Belgin Akaltan, quien dijo que los turcos tienen “el impulso imparable para discriminar, para usar la fuerza contra objetivos blandos, te garantizo que tendré otra foto de un niño sirio llorando, una joven, un joven, un hombre mayor, una madre, una abuela, una familia entera, abusada, golpeada, muerta de hambre, de duelo, heridos, muertos, etc., la próxima semana en esta columna”, afirmó.

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